// Om Guru Om //
Arati o Aarti es una práctica devocional ancestral del Bhakti Yoga, y una práctica muy importante en Tattvam Yoga. Su nombre en sánscrito significa “hacia la virtud”.
Arati es la práctica espiritual cuyo principio es ofrecer lo que queremos alcanzar.
Ofrecer luz a la luz. Es un principio cósmico
Esta frase encapsula el misterio del Arati.
Ofrecemos Luz a la Luz con la intención de recibir la Luz.
Al ofrecer luz, el devoto se alinea con la conciencia luminosa del Ser y abre su corazón para recibirla.
La ceremonia se realiza con una charola metálica —de cobre, bronce o plata— que contiene elementos simbólicos cuidadosamente elegidos.
- La vela de ghee representa el fuego de la conciencia, capaz de disipar la ignorancia.
- El arroz simboliza la abundancia y prosperidad en el camino espiritual.
- La cúrcuma evoca el brillo de la energía divina, y
- Las flores frescas encarnan la belleza, la pureza y lo sutil.
Estos elementos se colocan en la charola y se ondea en sentido de las manecillas del reloj, frente a una imagen o elemento sagrado, en nuestra escuela representado por Guruamma Sankalpa, por su imagen o su silla, que representa la meta espiritual del camino Tattvam Yoga.
La práctica del Arati requiere una preparación interna. El cuerpo debe estar alineado, la mente despejada, el corazón abierto con una intención clara.
Este estado receptivo permite que la energía espiritual fluya y se eleve la vibración, abriendo y preparando al Ser para recibir la Gracia. No es un acto mecánico, sino una ofrenda sutil y poderosa que invoca la presencia divina, pide su bendición y al recibirla, transforma el espacio, consagra el momento, y expande su energía amorosa, más allá del individuo.
No todos pueden comprender el Arati.
Quién no ha aprendido a sentir devoción. Quien mantiene el corazón cerrado, difícilmente podrá percibir el néctar del amor divino que se manifiesta en esta práctica. La oscuridad que cubre el corazón impide recibir el regalo de la Gracia. En cambio, el corazón puro se embriaga en su propia dicha y se funde con la Conciencia.
Por su poder simbólico y energético, es auspicioso abrir y cerrar los programas de meditación y práctica espiritual con el Arati. Al hacerlo, se invita a la divinidad a habitar el espacio, se honra la presencia sagrada, y se establece un puente entre lo humano y lo divino.
Así, el Arati se convierte en un acto de comunión, donde la devoción transforma el espacio y el alma.